Miguel de Unamuno en el carnaval jaraiceño


El viajero Miguel de Unamuno hace noche en Jaraíz (Carnaval de 1920) y antes de ello, por la tarde, le da tiempo a charlar con algunos vecinos, a recorrer las calles de la población y a tomar unas notas que más tarde redactará en su obra ANDANZAS Y VISIONES ESPAÑOLAS en el capítulo titulado CAMINO DE YUSTE (555-560)


Los textos que nos deja sobre la villa jaraiceña obedecen al siguiente esquema:
  • Unas notas sobre el pueblo y el paisaje urbano. 
  • Algunas observaciones sobre el funcionamiento de la administración local, es decir, el ayuntamiento. 
  • Unos comentarios, que podrían ser actuales, sobre el modo de vida (la economía) de las gentes y su pensar en asuntos de política. 
  • Y, como es carnaval, un guiño a la riqueza del lugar a juzgar por las vestimentas de los lugareños.
Así lo escribe:

“Es Jaraíz el poblado mayor de la Vera de Plasencia, una villa serrana de unos 4.000 habitantes. Su caserío presenta el aspecto pintoresco de las poblaciones de sierra en el interior de España. Las casas, de trabazón de madera, con sus aleros voladizos, sus salientes y entrantes, las líneas y contornos que a cada paso rompen el perfil de la calleja, dan la sensación de algo orgánico y no mecánico, de algo que se ha hecho por sí, no que lo haya hecho el hombre. La calleja se retuerce y no se ve de un extremo a otro. No es un canal de curso recto: es más bien como el cauce de un río que fuera culebreando. Y se tiene la intimidad de la sombra. De una casa pueden cuchichear con los de la casa de enfrente. Diríase una sola vivienda.”

Sobran los comentarios, aunque resulta inevitable una declaración de intenciones: A uno le gusta releer ese párrafo. Incluso, repasarlo de memoria al caminar por las calles de Jaraíz que suben desde la iglesia de San Miguel hacía la Plaza y Santa María. Es uno de esos textos que --no sé qué les parecerá a ustedes--, pero a un servidor le gustaría ver en su correspondiente placa al doblar una esquina en una de esas calles retratadas con tanto acierto y de manera tan hermosa por el viajero incansable Miguel de Unamuno.