Exposición de dibujos: "Rincones de La Vera"


dibujos de Ignacio del Dedo


La exposición reúne 34 dibujos. Los motivos artísticos son, en líneas generales, de tres clases: torres y campanarios, picotas y cruceros, y fuentes. No están representados todos los pueblos, y esa es una espina que me llevo clavada para otra próxima muestra. Se quedan fuera Collado, Arroyomolinos, Gargüera. Por el contrario hay algunos pueblos que aparecen representados en varias obras: Robledillo, Jaraíz, Guijo, Garganta. 
Los cuadros son por lo general de tamaño bastante reducido. Van desde 30 por 30 centímetros hasta 42 por 52. En cuanto a la técnica, he usado la tinta china a plumilla y, en contadas excepciones, el pincel. Predomina el color negro, aunque también puede verse el sepia, el naranja o incluso el rojo.
Al ver los cuadros, uno puede preguntarse cuál es el misterio expresivo de estas obras. Y el autor tendría que contestar que no se guarda ningún misterio ni se pretende derrochar riqueza expresiva en la sencillez y firmeza de estos dibujos que conforman campanas, caños y rollos. Si alguna pretensión esconden estos cuadros, habría que buscarla en el ámbito de las metáforas referidas a la memoria: el tañer de las campanas con la lengua, la comunicación; el agua de las fuentes con las canciones y las charlas en torno al manantial; y las picotas con el silencio y los secretos propios de las piedras y las conciencias perseguidas.
Y para concluir esta reseña, una confesión: la exposición no ha contado con un plan en su origen. Así que tiene lugar “por casualidad”: viene a ser la reunión de un puñado de ilustraciones que el autor ha venido haciendo a invitación del Centro de Profesores y Recursos de Jaraíz para los calendarios de los últimos años.


Café y lecturas



Celebramos el día del libro en la Biblioteca de Jaraíz. Fue un acto que organizaba el Club de lectura Cesar Martín. El cartel que anunciaba el encuentro invitaba a ‘una experiencia de café y lecturas’. El evento se cumplió según lo esperado: en lo referente a las lecturas, las personas lectoras allí presentes hablaron de sus libros más queridos y razonaron los motivos de su amor a esos libros, que eran los mismos encantos por los que recomendaban su lectura. Gracias a ese grupo y sus comentarios sobre la lectura fue fácil entender que cada cual y su memoria es una biblioteca llena de vida. Por lo mismo, tampoco resultó complicado recordar la intuición de Borges relativa a que el Paraíso debe ser una especie de Biblioteca.
En algún momento del encuentro vimos cómo acceden a la lectura, y disfrutan de ella, las personas que no tienen vista en los ojos, porque la tienen en la yema de los dedos. Gozamos con algunas lecturas en Braille. Llenas de encanto, dicho sea de paso, y no exentas de pinceladas de humor cuando una de esas personas, que lee el mundo con los dedos, explicó: “Le dieron un rallador a un ciego. Lo palpó como si lo leyera y dijo: pero quién ha escrito esta mierda”.    
Hubo también palabras de agradecimiento y alabanza a quienes escriben los libros, personificados en Don Miguel de Cervantes.
¡Ah! ¡El café! Casi se me olvida: el café estuvo muy bien acompañado por pastas de té, perrunillas y hasta tres bizcochos deliciosos. Así quedó sellado el recuerdo al Quijote y a su autor, que dejó escrito que la salud de todo el cuerpo se fragua en la oficina del estómago.

Ignacio del Dedo

La calle del coso (Jaraíz de la Vera)

¡Qué tendrán determinadas calles para que sin pensarlo elijamos caminar por ellas y no por otras! ¿Qué tiene la calle del coso para que tres o cuatro veces por semana los pies y los ojos me lleven por ella y no por la carretera, a pesar de que ésta tenga un nombre tan goloso como es Avenida de la Constitución?

Será que la boca de embudo absorbe el alma desde la plaza de Santa Ana con la fuerza de un torbellino. Será que es una calle con solera, de esas que no necesitan presentación porque conducen al lugar que dice su nombre: a la plaza. Será, en fin, que la placa de su nombre y la dedicatoria se antojan dignas y sublimes al cabo de los años; porque en algún lugar debe estar escrito que el 25 de abril de 1985 el ayuntamiento de Jaraíz acordó dedicar la Calle del Coso al poeta Luis Álvarez Lencero en virtud de sus reconocidos méritos como poeta extremeño y su significada categoría dentro y fuera de su tierra.

Los ojos se van detrás de un golondrina imaginaria y aletean las miradas en los geranios floridos de los balcones. Echo ojeadas a hurtadillas por las puertas y las ventanas y se llena la vista —¿insaciable?— con los juegos de luces y sombras de todos los recovecos de las paredes blancas.

Luis Álvarez Lencero fue también escultor, pienso y me detengo en el sitio donde los días de fiesta solemne está el arco trenzado con romeros, tomillos, retamas y brezos.

Qué bien elegida la calle para el nombre y qué propio el artista para brindarle esta calle: la calle por donde pasan las procesiones, como expresión de lo sagrado; y los encierros, como símbolo de la lucha por la vida.

Ningún nombre de calle mejor dedicado que este (El Coso) a quien escribía toros sobre el yunque y esculpía poemas con el hierro de la lengua.

Bajo los zapatos late el recuerdo de los cantos rodados que antaño empedraban con dignidad esta calle. Son recuerdos que palpitan en este hondo corazón en el que Luis Álvarez Lencero quería latir más allá de la vida:

"Pido, pues, que me lleven cuando muera
al hondo corazón de Extremadura
y en brazos de la muerte, y campesino,
en mi tierra me den la sepultura."

Miguel de Unamuno en el carnaval jaraiceño


El viajero Miguel de Unamuno hace noche en Jaraíz (Carnaval de 1920) y antes de ello, por la tarde, le da tiempo a charlar con algunos vecinos, a recorrer las calles de la población y a tomar unas notas que más tarde redactará en su obra ANDANZAS Y VISIONES ESPAÑOLAS en el capítulo titulado CAMINO DE YUSTE (555-560)


Los textos que nos deja sobre la villa jaraiceña obedecen al siguiente esquema:
  • Unas notas sobre el pueblo y el paisaje urbano. 
  • Algunas observaciones sobre el funcionamiento de la administración local, es decir, el ayuntamiento. 
  • Unos comentarios, que podrían ser actuales, sobre el modo de vida (la economía) de las gentes y su pensar en asuntos de política. 
  • Y, como es carnaval, un guiño a la riqueza del lugar a juzgar por las vestimentas de los lugareños.
Así lo escribe:

“Es Jaraíz el poblado mayor de la Vera de Plasencia, una villa serrana de unos 4.000 habitantes. Su caserío presenta el aspecto pintoresco de las poblaciones de sierra en el interior de España. Las casas, de trabazón de madera, con sus aleros voladizos, sus salientes y entrantes, las líneas y contornos que a cada paso rompen el perfil de la calleja, dan la sensación de algo orgánico y no mecánico, de algo que se ha hecho por sí, no que lo haya hecho el hombre. La calleja se retuerce y no se ve de un extremo a otro. No es un canal de curso recto: es más bien como el cauce de un río que fuera culebreando. Y se tiene la intimidad de la sombra. De una casa pueden cuchichear con los de la casa de enfrente. Diríase una sola vivienda.”

Sobran los comentarios, aunque resulta inevitable una declaración de intenciones: A uno le gusta releer ese párrafo. Incluso, repasarlo de memoria al caminar por las calles de Jaraíz que suben desde la iglesia de San Miguel hacía la Plaza y Santa María. Es uno de esos textos que --no sé qué les parecerá a ustedes--, pero a un servidor le gustaría ver en su correspondiente placa al doblar una esquina en una de esas calles retratadas con tanto acierto y de manera tan hermosa por el viajero incansable Miguel de Unamuno.